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Rol Histórico  |  Jugar la Historia - Partidas  |  Partidas de rol  |  Cuando los Dioses Hablan  |  Capítulo I: El Hombre Sabio « anterior próximo »
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Autor Tema: Capítulo I: El Hombre Sabio  (Leído 2767 veces)
Rittmann
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Re: Amthorn (Enligytes)
« Respuesta #15 en: Diciembre 29, 2006, 05:08:28 »

La caravana avanzaba silenciosa tras ellos, cuarenta mulas cargadas de tinajas y sacos. Junto a ellas una procesión de hombres que custodiaban la mercancía, entre la que sentía encontrarse Enligytes.

Sus pensamientos recorrían su mente tan velozmente como las nubes el cielo, y cada vez que miraba a su izquierda una sombra negra y pesada se reflejaba en su rostro, parcialmente tapado con el turbante añil, sujeto con la cinta de oro torcido, típico de los hombres del clan Jibrill.

El día antes de partir, había pensado en muchas cosas y entre ellas decidió hacerse pasar por un príncipe Jibrill, precisamente porque en esta época del año probablemente estaban saqueando a los cimmerios y todos los nómadas de Sarraydes estarían muy lejos de allí. Y, aunque convencido de actuar de la mejor forma, sentía estar traicionando la confianza de su señor Omar Azor, y la promesa que tiempo atrás todos hicieran de no convertirse en uno de aquellos ‘manos manchadas’. Y, sin embargo, estaba, a los ojos de cualquiera que lo observase, casado con una noble de Sardes y debía hacer creíble aquella pantomima.

El día pasó fugazmente, dejando las montañas cada vez más lejos a su derecha y, por lo tanto, cada vez más lejos de los suyos. Agatocles, decidió montar el campamento en una explanada junto al pequeño oasis de Segón-Zoar, ‘el reflejo dorado’. Clauno, plantó la majestuosa tienda de la reina junto a tres palmeras, quedando justo en el centro del campamento y a la derecha de la de Bojarcas. No había ninguna posibilidad para que Enligytes evitara pasar la noche con la reina Enaria o aquel ardid generaría serias dudas en los hombres que Bojarcas había contratado. Sabía que si podían pasar inadvertidos allí, fácilmente llegarían a Grecia sin levantar sospechas, pero su deseo se encontraba lejos de las astucias de aquella reina, que lo recibía tendida en el lecho mofándose de la situación y dispuesta a llevar la farsa al completo.

- Esta tienda está muy fría, ¿no crees? - Decía la reina mientras apuraba el vino de su copa, recostada en el lecho de pieles, solo para volverla a llenar. - ¡Y la polvareda que hemos tragado en el camino! ¡Por los dioses! Lo que daría ahora por un baño de agua de rosas. – Entonces, se quedó mirándole fijamente, con una sonrisa maliciosa que dejaba ver sus dientes como perlas engarzadas, mientras se mesaba su rojizo pelo. - ¿Qué haces ahí tieso sin decir nada? Ven, acércate, ¿o es que tienes miedo de tu ‘mujercita’?... – Se incorporó del camastro, llenó otra copa y se acercó a Enligytes extendiéndosela. – Bebe y entra en calor en brazos de tu ‘mujercita’ - esto lo dijo rodeándole con sus brazos y acariciándole el pelo que caía por la nuca. –, o ¿es que no te apetece el suave calor del amor en esta fría noche?

Enligytes la miraba fijamente, notando su fresco perfume y observando la belleza de sus ojos. Algo le instaba para que accediera pero por otro lado no creía que fuera una buena idea.

- Estoy acostumbrado al frío y al polvo – dijo Enligytes apartando de sobre él los brazos de aquella bella mujer.
- Si, no sabéis disfrutar de los placeres de palacio – dijo molesta
- Eso jamás. Los hombres de mi clan no se mezclarán nunca con…
- Con gente como nosotros… ¿Pensabas decir eso, no? Pero yo no soy como los demás, Enligytes. Yo soy la reina… y eso puede reportarte muchos beneficios… ¿has pensado en ello? Sí, claro que lo has hecho, lo veo en tus ojos. Pero dejemos ahora la política. – Enaria calló mientras se sentaba de nuevo en el lecho y lo miraba durante unos instantes que al nómada se le hicieron interminables. - Creo que has pasado demasiadas lunas solo. Parece como si llevaras el lastre de un amor perdido hace mucho tiempo – Enligytes la miraba perplejo -. ¿Te sorprende? Hay cosas que las mujeres percibimos… Yo podría aliviar tu dolor…
- No creo que el rey pensara precisamente en eso cuando…
- ¡El rey; el rey! ¿Está aquí ahora? – lanzó la copa de vino al suelo enfurecida - ¿Tú crees que un rey como los dioses desean enviaría a su débil y delicada esposa a una misión suicida?

Enligytes se giró impasible y salió de la tienda a pasear, dejándola aún más enfadada destrozando todo cuanto había en la tienda, lanzando gritos e improperios. Clauno, que estaba a la entrada de la tienda, lo miró con desconfianza. El jinete necesitaba meditar escrutando las estrellas.

Al regresar, ella ya dormía, como si no hubiera ocurrido nada aunque toda la tienda estaba revuelta. Enligytes suspiró aliviado, había logrado que pasara aquel primer día sin haber traicionado a su clan, aunque no sabía si llevaría a algo peor.

Amanecía cuando se incorporó de la esquina de la tienda donde había dormido y salió para comprobar el estado de Ekia, como cada mañana, y con ella estuvo, acariciándola y cepillándola, hasta que le avisaron para tomar algo antes de proseguir su viaje. Enaria no levantaba ni la vista, aún cuando él le dirigía la palabra. Su orgullo había sido herido y se lo recordaría todo el viaje.



El egipcio se fundió en un abrazo con Bojarcas, quien lo recibió con una amplia sonrisa, y comenzaron a dialogar animadamente mientras Enligytes alzaba la cabeza hacia la colina de Esmirna, dónde se encontraban las ruinas de un impresionante edificio, al menos impresionante para un nómada. Pensó en el dolor de la ciudad, de la gente que sufrió el asedio y eso devolvió sus pensamientos a su clan. ¿Qué ocurriría con ellos si fallaba?

Cuando la comitiva se encaminaba hacia el interior de la ciudad, Néfer extendió una invitación para ir a cenar a su suntuosa morada que Enligytes declinó amablemente y le mandó a Clauno, con voz autoritaria, que montara su tienda fuera de la ciudad para pasar la noche. Enaria lo miró con soberbia, pero no dijo nada, al menos ante los demás, ya que poco después, en el interior de la tienda, le recriminó hacerle dormir un día más en una tienda sin poder disfrutar de las ventajas de la ciudad, y sin atender a las razones que le aportaba Enligytes, quien sólo se sentó pacientemente esperando que ella callara su perorata. Estaba deseoso de alzarle la voz, de actuar como haría con cualquier mujer, pero era la reina y hacerlo podría suponer un desastre para él, mayor de lo que ya era.
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Re: Miss Bennet (Jerjes)
« Respuesta #16 en: Diciembre 29, 2006, 05:10:01 »

Aparentemente el viaje, fue hasta cierto punto apacible. Pero Jerges notaba la presencia de unos ojos que constantemente le seguían durante el trayecto. Agatocles no le quitaba la vista de encima. Eso hizo a Jerges prestar no solo cautela a las sorpresas del camino sino también a las que pudieran surgir de la caravana.

A la pronta llegada de la noche Agaclotes montó campamento en un pequeño oasis, y enseguida todo el mundo se dispuso a montar las tiendas. Se bajaron los fardos de tela, las pilas de maderas y se buscaron piedras para la sujeción de las pilas. Se desenredaron las cuerdas, y se preparo algo de cena en un pequeño fuego improvisado. Jerges se encargo de llenar los cueros de agua y de dar de beber a los caballos. Grima estaba especialmente sediento.
Cuando todos se retiraron a descansar Jerges se quedo se guardia, sacó caldo de la bolsa y la puso cercana al fuego.
Pero sus oídos determinaron que no todo el mundo se había ido a descansar...a lo cual pudo escuchar algunas voces de una tienda cercana.
Jerges arrimo su espalda a una palmera mientras seguía a la escucha.

Unos pasos enfurecidos se apresuraban a pasar por detrás de él poco después.

Jerges:-El mayor peligro que corremos no esta fuera de la caravanna Englites!!!

La figura se paró en seco por detrás de la palmera. Efectivavente era Englites que acababa de salir de la tienda.


Jerges:-Ten cuidado Englites,... la batalla mas dura que vas a tener es en esa tienda de campaña, y no sobre tu montura ante salteadores o ladrones. Ten cuidado. Mucho cuidado....

Jerges cogió el cuero caliente de Aneth y echo un trago. Englites no dijo nada, y después de mirar de reojo a Jerges se perdió en la noche.
Jerges supuso que necesitaría pensar,... a la Reina habría que mantenerla a raya y procurar que Englytes hiciera las primeras guardias de la noche y no quedarse mucho tiempo solo en compañía de la Reina.
Pues, aunque todos somos valientes y fuertes guerreros en la lucha, frente a la extraordinaria y pérfida belleza de una mujer no somos mas que indefensos niños.

-¿Verdad Grima? Miro Jerges a su caballo...

Al dia siguiente todo parecía mas tranquilo, el sol se levanto temprano, y ya calentaban sus rayos. La caravana se puso en marcha.

A la llegada a Esmirna Borcajas se dedico a sus tramites comerciales, las presentaciones con un tal Nefer y demás que a Jerges le hastiaba bastante. Por la noche Borcajas no podía eludir la cena de Nefer así que Jerges opto por no ir a la taberna, no quería dejar solo a Borcajas aunque evidentemente este parecía estar en su salsa con aquellos comerciantes.
Durante la cena Agatocles se acerco a él...comentaron cosas del viaje como el estado de los caballos, o como sufrían las ruedas por el mal estado del camino, de cómo una tinaja de vino mello durante el viaje etc...

Hasta que ...

Agatocles: Jerges ¿después de la expedición que harás?.. Vamos a que te dedicaras?...

Jerges lo miro desconfiado.

Jerges : a lo mismo que hacia antes, a cuidar de los caballos del Señor Herarcas.

Agatocles: me parece demasiado talento desperdiciado Jerges,... se ve que eres un hombre con conocimientos de caza. Ni quiero ni pretendo que saber como los adquiristes,... pero a la distancia se ve que eres un hombre con ojos ávidos y rápidos.

Jerges:¿ a donde quieres ir a parar?

Agatocles: no se,... nos vendría muy bien alguien como tu. Eres avispado, estas alerta constantemente, es difícil encontrar hombres tan disciplinados como tu. Es una vida cómoda la nuestra y mucho mejor que estar limpiando mierda de caballo para ningún Señor... donde va a parar...

Jerges: ya... entiendo. Bueno si deseo ser un mercenario barato y carabinero a merced de cualquier invecil te lo haré saber... Agatocles... no lo dudes..

Agatocles, se quedo extrañado y bastante enfurecido por la contestación insolente y insultante de Jerges.

Agatocles: yo no te he insultado Jerges!!!- Se aparta Agatocles y se pone en pie tirando la copa de vino- Tan solo te hecho un ofrecimiento sincero y he valorado tus actitudes, dándome esa contestación doy por enterado que no eres de fiar.
Jerges sorbió de su copa.

Jerges: Asi es no soy de fiar,... ni para ti ni para nadie.

Agatocles se quedo extrañado... ¿por que Jerges reaccionaria así?,... pareciera en casa de Borcajas mucho mas afable.¿ Seria el Vino?.

Agatocles: Ya ajustaremos cuentas cuando haya saldado mis deudas con Borcajas,... Jerges.Y marcho soberbio y mal humorado.


Jerges siguió en la mesa bebiendo como si nada,... en el fondo quizás todo era una fachada ¿ pero para que?... quizás tanteaba a la gente con la que viajaba para saber hasta donde llegaba... si era así... ni el propio Jerges sabia como le iba a salir el tiro.

Lo que si sabia, era que los guardias de la reina le habían observado,... incluso Borcajas... y quizás de hay si recibiese reprimenda.
« Última modificación: Diciembre 30, 2006, 03:32:03 por Rittmann » En línea

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« Respuesta #17 en: Diciembre 30, 2006, 03:32:38 »

Bojarcas - Negocios en la mesa

Nefer se recostó sobre el respaldo de la mesa, con una copa de plata en la mano. Olisqueó el perfume del vino que contenía, y luego lo saboreó pensativo, dándole algunas vueltas a la oferta de Bojarcas.

Nefer: Agatocles es un buen soldado. Cobra lo que se merece. ¿Sabes que tengo que pagarle el sueldo de un mercenario griego de guerra? Pero es que, a fin de cuentas, está aquí: en un país que está en guerra contra sus compatriotas. Sin embargo, sabe dirigir a la gente, y sabe ver. Con él, tengo plena confianza en su trabajo. Sin embargo, hace un tiempo que pienso que no sería mala idea ir dando confianza a algunos de los que destacan dentro de mi pequeña organización. Ellos no saldrían tan caros, y con mercancías de menor valor, quizás podrían servir para ajustar mi precio...

Bojarcas y Nefer discutieron un rato sobre los pormenores de aquello. Estaba claro para el de Sardes que Nefer estaba construyendo un monopolio caravanista en Esmirna, y que dándole un trato como aquel, sólo ayudaría a que la dependencia del egipcio fuese mayor en el futuro. Sin embargo, Nefer argumentaba a su favor que era necesario ese nivel de seguridad, pues con los clanes frustrados por la falta de progresos con Mileto, los ataques a las caravanas de mercancías se habían incrementado lo suficiente como para resultar preocupantes. Por eso, hasta entonces Nefer sólo se había fiado de Agatocles y otros dos capataces para llevar adelante las caravanas, temeroso que ante el primer problema, otros huyeran.

Bojarcas: Si mis expediciones no van a estar en tan buenas manos - añadió finalmente Bojarcas -, quiero un precio más reducido también en las seguras. Para cubrir gastos de posibles problemas en las otras. Si el negocio global no es rentable, quizás deba dedicarme a comerciar con otras regiones.

Nefer ladeó la cabeza, y se encogió de hombros, pero asintió al fin agitando la cabeza. Aquellom hizo que su gran papada se revolviera de un modo extraño y desconcertante.

Nefer: Imagino que tienes razón. Espero que podamos hacer muchos tratos comerciales en el futuro, amigo mío.

Y extendiendo la mano, Nefer cerró el trato.

Enligytes - Tentación y Honor

Enaria: Creía que los hombres del clan Azor serían hombres, y no piedras.

Aquellas fueron las palabras finales de la reina, que al fin se giró y se recostó sobre su costado para descansar. Interiormente, Enligytes se sintió aliviado. Había superado la prueba una noche más. Pero, ¿a qué precio?

A esas alturas, sabía más de las intimidades de alcoba del rey de Sardes de lo que jamás hubiese podido soñar. Enaria, la bella reina, había sido elegida para el rey debido a dos cosas: la fuerza militar de su familia, y su noble linaje trazable a la antigua nobleza heráclida. ¡Toda una descendiente de Heracles! Si algo había distinguido al linaje real lidio, había sido su deseo de legitimizarse uniéndose con heráclidas al inicio de su reinado. Ya le había dado al rey un heredero y un infante, y desde entonces cada cual hacía su vida.

Y sí, la había mandado a aquella misión, pero Enligytes dudaba que fuese tan suicida como Enaria pretendía en alguna ocasión. Quizás ella lo viese de aquel modo, pero a él los argumentos que la reina esgrimió no le parecieron malos. Habiendo dado hijos al rey, y acosado éste por la aristocracia y los clanes, la reina había quedado en un papel más secundario en palacio. Y aquello estaba siendo un insulto para su familia, que presionaba para que le diese mayor protagonismo. Alejarla podía interpretarse como un insulto, como hacía ella, pero sin duda podía interpretarse también como una prueba de confianza del más alto nivel, pues en sus manos había depositado su confianza en lograr la paz con Mileto y así poder iniciar una campaña más ventajosa hacia Oriente.

Pero en Enaria, los años de vida palaciega la habían cegado, o eso le parecía a Enligytes. Enaria no soportaba al rey, o más bien, no soportaba su libertinaje con sus concubinas.

Enaria: ¿Sabes cuánto hace que él no me toca? ¡Dos años! ¿Tú crees que le importa lo que haga? - había dicho en una ocasión.

Pero él no era un noble, ni un aristócrata. Era un siervo de Omar Azor, y ser siervo del jefe del clan Azor era sinónimo de ser honorable. No le correspondía a él juzgar, y menos meterse, en los asuntos de la corte. Si la reina decidía que él sería su descargo para sus frustraciones, así sería, pero él no la tocaría.

Jerjes - Los otros tratos

Jerjes se quedó en silencio, con las miradas de los demás comensales fijadas en él. Quizás había sido el vino, o el hecho de ver que Nefer buscaba buenos hombres para comandar sus otras caravanas, como había quedado patente en su conversación anterior con Bojarcas. Fuera cual fuera el motivo, el asirio había centrado demasiadas atenciones y decidió que él también debía abandonar la sala.

Jerjes: Me parece que he bebido un poco demasiado. Si me disculpan...

Cojeando menos de lo habitual, seguramente debido al efecto contra el dolor del vino, abandonó su asiento en la mesa y dejó atrás a Bojarcas, a Nefer, y a los demás. Agatocles estaba cruzado de brazos, no muy lejos, y al ver a Jerjes le dirigió una mirada fría como aquella noche, apenas visible a la escasa luz de dos antorchas plantadas ante la casa del egipcio. Jerjes no le hizo caso, y se fue a descansar a la posada donde habían alquilado habitaciones para la noche.

Nadie le salió al paso en su trayecto, y al sentarse al fin en su lecho en la posada, se dio cuenta que todo giraba demasiado a su alrededor. No era extraño que se emborrachara, aunque nunca antes lo había hecho en la misma mesa de su señor Herarcas, menos aún a la de su hijo Bojarcas. Pero en ese momento, no le importaba lo más mínimo. Se quitó las botas, y sin siquiera desvestirse se echó sobre el catre con el único deseo que estuviese libre de pulgas.

Mercaderes del Egeo

Al alba, los hombres del egipcio ya habían cargado las bodegas del Pléyades. Bojarcas examinó el trabajo hecho, y asintió complacido con el trato dispensado, y entregó el oro acordado a Nefer en mano que el egipcio ni se molestó en contar. Nefer era de aquellos que sabía que la confianza debía ganarse, pero que una vez ganada sería insultante no cumplir con las expectativas, y a fin de cuentas a su regreso Bojarcas pasaría necesariamente por sus manos. No había nada de qué preocuparse con aquel pago.

El capitán Creso por fin apareció en cubierta aquella mañana, y saludó a su joven señor.

Creso: Buenos días, joven señor. ¿Cómo se encuentra vuestro padre?

Bojarcas: Buenos días, capitán. Pues como siempre, atendiendo a los negocios, gracias por preguntar. ¿Cómo está la nave?

Creso: Le hemos dado una capa de brea en el interior de la bodega para aislar mejor de la humedad el casco. ¿Recuerda los problemas que tuvimos con algunos sacos de grano, que se mojaban? No debería volver a suceder.

Bojarcas asintió complacido. Creso era un hombre activo, experimentado en su papel de capitán de embarcación, y siempre preocupado por su nave. En el anterior viaje a Grecia, en ocasiones se había preguntado si aquel hombre tendría otra novia que no fuese el Pléyades.

Jerjes y Enligytes revisaron la embarcación, para ver la vida que harían en ella. La mayor parte del viaje lo pasarían en cubierta, reservando el gran camarote interior para la reina Enaria y para la salvaguarda de objetos más o menos delicados, como los mapas. Clauno se quedaría en cubierta con ellos.

Enaria se había mostrado esa mañana absolutamente fría y distante con Enligytes. Quizás por el hecho que, acabada la primera fase de la expedición y ya en el barco, sin la intimidad de la tienda y con su identidad que se revelaría al otro lado del Egeo, sus ocasiones de estar a solas se habían terminado. Eso era algo que aliviaba a Enligytes, pero algo en la mirada gélida de la reina esa mañana le había dado un mal presagio. Aferrándose a su honor, Enligytes se mantuvo impavido una vez más.

Jerjes comprobó, también aliviado, que Agatocles no les acompañaría en aquella fase del trayecto. Su papel había terminado al llegar a Esmirna, donde probablemente tomaría el mando de otra caravana hacia el interior del país. A bordo del Pléyades, sólo había hombres de Herarcas, como el propio capitán Creso y el resto de marinos de su tripulación. El navegante era Istos, un lidio educado en Mileto antes de las guerras con Lidia, buen conocedor de las islas del Egeo a sus casi cuarenta años. No tardarían mucho en escuchar sus historias, en las que se retrató a si mismo como un espíritu libre que no podía salir del barco en tres o cuatro puertos de la región, pues las madres de sus bastardos aún se acordaban de él más de lo deseable.

El otro lidio era Astyages, que se encargaba de los remeros. Éstos eran en su mayoría hombres libres que servían en diferentes barcos a cambio de comida y una paga. Era una vida dura, pero la llevaban con bastante humor. Jerjes, preocupado por la seguridad, interrogó a Astyages acerca de sus orígenes.

Astyages: El que menos tiempo lleva con nosotros, es ese tracio, que reclutamos hace ocho meses en el Pireo. Algunos, como esos dos macedonios, llevan con nosotros tres años, aunque dicen que a finales de año quieren volver a casa con el dinero hecho para montar una granja.

Todos ellos eran veteranos a bordo, una cuarentena en total, y todos ellos parecían limpios de cualquier sospecha. Eso era bueno. Les daría una buena base sobre la que tener a gente de confianza.

Los vientos fueron poco favorables, pero por suerte los remeros eran veteranos del mar y aquello ayudó a subsanar aquel problema. Se decidió ir por el camino más rápido hacia el oeste, sin escalas si el tiempo lo permitía, para llegar a Chalcis lo antes posible. El Pléyades surcó las aguas como una doncella de los mares, y bajo el monótono ritmo del tambor que marcaba el ritmo de los remos, los días pasaron sin muchas novedades.

Y al fin, la isla de Eubea apareció al oeste, y tras rodearla durante una jornada completa el Pléyades avistó el puerto de la ciudad.

:arrow: Bojarcas (11,75 px), Enligytes (12,75 px), Jerjes (14 px)

:arrow: Bien, el turno consiste en esencia en emplear lo creado de Chalcis por Klapton en un turno anterior - el de la anécdota durante la cena con Herarcas, si mal no recuerdo - para decidir qué pasos tomar para contactar con gente apropiada para la misión diplomática. Tenéis varios días en el barco para prepararlo.

Reto global(+50% de experiencia: Mostrar el desembarco y la toma de contacto con los contactos de Bojarcas en Chalcis, que serán receptivos. Me gustaría que cada uno mostrara su faceta dentro de aquello para lo cual fue reclutado para la misión. Pensad que seréis los tres los que desembarcaréis, pues la reina se quedará en el barco hasta que esté preparada para ser revelada su presencia ante quien toque, y Clauno se quedará con ella. Del barco y las mercancías se encargará Creso, y contad con una semana o dos para vender la mercancía como tiempo de margen.

>> Sugiero, antes de escribir el turno, que intentéis coordinar qué partes cubrirá cada uno del mismo en comentarios. A ver qué tal sale este pequeño experimento, que debería ayudar a que trabajéis juntos y a integraros un poco como grupo.
« Última modificación: Febrero 07, 2007, 12:45:38 por Rittmann » En línea

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Re: Miss Bennet (Jerjes)
« Respuesta #18 en: Febrero 07, 2007, 12:41:17 »

Calcis estaba ya a tiro de piedra, las noches anteriores los caballos habían estado nerviosos y Jerges básicamente había dormido con ellos abajo en las bodegas. Las gaviotas se posaban en lo alto de los palos del barco, y todos estaban agitados por desembarcar incluso el capitán.
Jerges estuvo ayudando preparar las cosas, después de tomar unos tragos de vino, agarró los calderos y bajo a las bodegas a dar de comer a los caballos. Las escaleras del pléyades estaban roídas y viejas,… la humedad de la mar te encogía los huesos, y las la rodilla de Jerges la cual se resentía severamente dadas las condiciones.

Los caballos se encontraban atados a los palos, se agitaban de un lado a otro, Jerges saco algo de hierba y de agua de unas tinajas,… unos pasos poco rato después le hicieron ver acercarse a Englytes.

Jerges: ¿Te gustan los caballos? Pareces muy diestro sin duda.
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Re: Amthorn (Enligytes)
« Respuesta #19 en: Febrero 07, 2007, 12:42:09 »

Tras el alba, Enligytes salió presuroso de la tienda, dirigiendose al Pléyades. Poco después aparecían Bojarcas y Jerges dispuestos a observar las codiciones en las que se encontraba tanto la mercancía como la embarcación que nos llevaría en dirección a Eubea. Todo parecía estar listo, excepto el propio Enligytes que esa mañana estaba especialmente nervioso, quizás por el próximo viaje por mar, algo que no le agradaba, o por la más que probable reacción de la reina por lo acontecido durante los últimos días. Retumbaban en su mente las palabras que unas jornadas atrás le dijo Jerges en el oasis: El mayor peligro que corremos no esta fuera de la caravanna Enligytes.

Después de tomar algo para desayunar, y estando todo listo para partir, apareció la reina Enaria junto al inseparable Clauno, y a pesar del gesto de Enligytes por aproximarse a ella, Enaria ni si quiera lo miró, pasó por su lado haciendo gala de todo su orgullo, demostrando que aquello lo recordaría durante mucho tiempo, subió por la rampa de ascenso al Pléyades y se dirigió presurosa a las dependencias que le indicaron como su alojamiento mientras durara la travesía. Los temores de Enligytes se habían hecho realidad, y lo peor era que no sabía en que desembocaría todo aquello.

Los días siguientes no fueron muy diferentes en el trato con la reina que apenas salió de su camarote. Y Clauno demostró ser alguien de pocas palabras, no como Istos, que en toda ocasión aprovechaba para explicar alguna de sus múltiples aventuras por Egeo, repitiendo algunas de ellas, aunque para el nómada resultaba agradable tener a alguien experimentado en alta mar, cuando a él le venían uno de esos frecuentes mareos.

Jerges también estuvo bastante cerca de él aquellos días, pudiendo observar uno del otro el amor que ambos profesaban por los caballos. El último de los días de travesía, frente a la costa de Eubea, los caballos estaban bastante nerviosos y abos acudieron a tranquilizarlos y acicalarlos.

Jerges: ¿Te gustan los caballos? Pareces muy diestro sin duda.
Enligytes: Muchas gracias Jerges. Tú también lo eres.- acompañando esas palabras de una leve sonrisa – Me he criado junto a ellos y son una parte de mi. Creo que sin un caballo cerca, algo en mí moriría. No sabía que los asirios también fueran tan atentos con ellos.
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Re: Miss Bennet (Jerjes)
« Respuesta #20 en: Febrero 07, 2007, 12:42:42 »

Jerjes: Atentos no es la palabra,... es lo mas valioso que puede poseer un hombre en la lucha. Tu montura es una prolongacion de tus piernas,...es un ser casi divino. Te escucha a veces los pensamientos.

Jerges recogió los calderos y preparo los caballos,... por si saldrian con ellos una vez en puerto. Englytes lo acompañó si parecía disfrutar con los caballos,... era de agrado de Jerges tener un buen jinete a su lado.

Jerges: Por cierto,... juegas al ur?, Creo que cuando desembarquemos, deberíamos salir alguna taberna y jugar. Aparte de ayudar a Borcajas con lo que tenga encomendado,... ¿ no te parece?.
Englytes parecio asentir.

Jerges y Englytes salieron a cubierta,.. el puerto de Eubea estaba frente a ellos,... el viento de la costa arreciaba contra sus caras y las gaviotas se arremolinaban alrededor del barco ambrientas de curiosidad.
Frente a ellos un puerto vivo, y en actividad que rezumaba pescado y problemas por todas partes.

Jerges se diriguio a Borcajas que andaba cerca de ellos,...

Jerges: -¿Y ahora ?
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Re: Klapton (Bojarcas)
« Respuesta #21 en: Febrero 07, 2007, 12:43:38 »

Jerges: -¿Y ahora ?
Bojarcas: Ahora, amigos, empieza lo difícil. Buscar apoyos para nuestra misión, sin revelar su verdadero alcance, no sea que demos con alguno de los muchos enemigos que, seguramente, están interesados en que fracasemos.

Acompañado de los dos hombres, Bojarcas recorrió con la vistas las dos orillas del canal y el puerto que se abría para acogerlos en su seno. Ya había estado aquí antes, pero esta vez era distinto. Había más en juego que unas cuantas ánforas de vino.

Bojarcas: Lo primero será buscar un lugar discreto desde el que planificar nuestros movimientos. En los puertos griegos hay que andarse con tiento, pues por todos lados hay ojos y oídos.

La tripulación actuó con diligencia en la maniobra de atraque, dejando al Pléyades bien amarrado en el muelle. Mientras recogían los aparejos, Bojarcas y Creso saltaron a tierra y se adentraron en el barrio de los mercaderes. Había bastante que hacer: estibar la carga, encontrar un almacén apropiado y venderla a buen precio.

Tras dar las instrucciones oportunas, Bojarcas dejó a Creso ocupado de esos asuntos mundanos y volvió al buque. Cerca del muelle, pegada a unas atarazanas había una posada bastante grande: un edificio de dos pisos de adobe, del que continuamente entraba y salía gente de todos los lugares conocidos: marineros cretenses, mercenarios tracios, comerciantes fenicios. Parecía un buen lugar para pasar desapercibidos.

Bojarcas: Si os parece bien, podemos empezar por visitar esa posada.

Al entrar en el establecimiento, los tres hombres fueron recibidos por una atmósfera cargada de sudor y humo, y un incesante murmullo, producto de las decenas de conversaciones que se entrecruzaban, ocasionalmente interrumpidas por gritos exigiendo más vino.

Al fondo del establecimiento pudieron acomodarse en un banco de madera, cerca de un grupo de remeros de Ática (o eso parecían, por los retazos de la conversación que captaban).

Bojarcas esperó unos instantes a que sus amigos iniciaran la conversación, pero como seguían con su mutismo habitual (algo que siempre le desconcertaba), empezó a hablar.

Bojarcas: Conozco un hombre que podría ayudarnos. Es un noble de plena confianza y muy influyente en la ciudad. Si queremos que Calcis medie en el conflicto, su apoyo nos será muy útil. Pero creo que antes de hacer nada, deberíamos bucar la protección de los dioses. En las jornadas que se avecinan, la vamos a necesitar.
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Re: Amthorn (Enligytes)
« Respuesta #22 en: Febrero 07, 2007, 12:44:26 »

Aquella posada infestada de gente a Enlygites le producía angustia. No sólo no se sentía cómodo sino que aquel olor nauseabundo le embotaba los sentidos. Por unos instantes su mente regresó a las llanuras dónde se crió, hasta que Bojarcas lo sacó de su letargo.

Bojarcas: Conozco un hombre que podría ayudarnos. Es un noble de plena confianza y muy influyente en la ciudad. Si queremos que Calcis medie en el conflicto, su apoyo nos será muy útil. Pero creo que antes de hacer nada, deberíamos bucar la protección de los dioses. En las jornadas que se avecinan, la vamos a necesitar.

Enligytes: Antes de nada. ¿Crees que Calcis es suficientemente importante como para mediar ene este conflicto?

Bojarcas: ¿Por qué no?

Enligytes: Demasiados intereses envueltos. Yo no sé mucho de la posición de las polis griegas, pero sé que estamos en un lugar de intercambio comercial y poco más.

Jerges: ¿Y tú qué sugieres?

Enligytes: Nada en especial... pero creo que Calcis no es la mejor opción.

Bojarcas: Quizás tengas razón, no obstante ahora estamos aquí. Y mis mejores contactos también.

Jerges: Quizás no sea el mejor lugar para encontrar a nadie que beneficie nuestra causa, pero es probable que sí podamos recabar información sobre que polis pueden ser más favorables.

Enligytes: Sí, supongo que sí.

Enligytes quedó callado mirando alrededor y poco después añadió:
Enligytes: Me parce que Jerges y yo podremos discernir algo de la gente de tantos lugares que hay aquí, y tú, Bojarcas, podrías ir a ese contacto y a ver que te cuenta. Aunque, a pesar de todo, creo que nos olvidamos de algo...
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Re: Miss Bennet (Jerjes)
« Respuesta #23 en: Febrero 07, 2007, 12:45:06 »

Jerges: Si estoy de acuerdo contigo Englytes...

Dijo jerges mientras de reojo miraba todo a su alrededor...

Jerges: La única pega que le veo a esa conclusión es el hecho de separarnos. No dejaré a Borcajas solo, ni le perderé de vista en ningún momento,.. sobre todas las cosas esa es mi función y no otra.

Si Borcajas ha de ir a ver el contacto no será sin que mi presencia este al menos a 8 metros e allí.
No podemos correr ningún riesgo para ninguno de nosotros. Si hubiera problemas no debemos estar separados.

Por otra parte, Englytes.. tu y yo somos pesos pesados en esas lides,... y no se hasta que punto Borcajas podría desenvolverse...
No quiero ser paternalista,.. pero no desearía ver la cara de Herarcas para decirle que no tiene hijo.

Jerges se quedo pensando... por unos instantes...

Jerges: Por otra parte... quizás podríamos hacer amabas cosas en un perímetro cercano para cubrirnos las espaldas.

Ante todo, aunque ciudad comercial,... no deja de ser lugar de paso de mucha gentuza,... no hay que fiarse.
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« Respuesta #24 en: Febrero 07, 2007, 02:02:51 »

Decisiones en la posada

Bojarcas: Comprendo tu postura, Jerjes. Está bien, sígueme, o mejor aún: ven conmigo si lo deseas. A nadie le extrañará que un comerciante como yo se mueva por la ciudad con un guardaespaldas. Creso hacía ese papel en mi última visita, a fin de cuentas.

Jerjes asintió algo aliviado, pero rápidamente se dirigió a Enligytes para ver qué haría el Azor.

Enligytes: Creo que yo aprovecharé para alquilar un par de estancias privadas para nosotros. Si queremos máxima seguridad, quizás sea interesante que ese contacto venga hasta la posada para hacer los negocios aquí. Así podríamos estar todos presentes, y en nuestro propio terreno.

Bojarcas no parecía muy entusiasmado con aquella idea. Aquella posada era de todo menos lujosa, excelente para pasar desapercibidos, pero penosa para traer a alguien de al aristocracia cálcida.

Bojarcas: No creo que sea buena idea. Puedes estar tranquilo, Enligytes. Ese hombre ya me ayudó en el pasado. Creo que no habrá problema, y además Jerjes estará conmigo.

No sin un pequeño deje de humor propio de su juventud, Bojarcas guiñó confiado a Jerjes, y ladeando la cabeza le indicó que era hora de irse.

Bojarcas: Espéranos en las habitaciones. Si acaso, aprovecha para avisar a los del barco dónde nos alojaremos, no sea que a tu "esposa" le de por venir a vernos.

Enligytes se sobresaltó por un momento al oir cómo Bojarcas llamaba a Enaria "su esposa", hasta que se dio cuenta que lo había dicho de aquel modo para evitar las palabras "reina" o "Enaria", que habrían llamado mucho más la atención en aquel lugar lleno de oidos. Y con aquello, quedó listo todo.

Jerjes - La ciudad de bronce

Jerjes caminaba erguido. La rodilla le dolía una barbaridad, pero no le quedaba otra opción que tratar de no mostrar ni el dolor ni la herida nunca curada: se hallaban en un territorio desconocido, y cualquier indicio de debilidad en un guardaespaldas podía suponer una invitación al desastre.

La ciudad, ciertamente, era peculiar a ojos de Jerjes. No se parecía en nada a ninguna ciudad en la que hubiera estado antes. Sobre una pequeña colina se elevaban los templos de Calcis, aunque desde la distancia le era imposible saber a qué dioses veneraban en ellos. Bojarcas ya había indicado su intención de ir a rendirles homenaje por el bien de la misión, y Jerjes chasqueó la lengua al pensar en lo dolorosa que resultaría la ascensión a esa colina para su maltrecha rodilla.

El olor de la ciudad era quizás su característica más peculiar. Olía a humo, a carbonilla, y las paredes otrora blancas de muchos de sus edificios estaban ennegrecidas por una fina capa de suciedad y hollín. Algunas chimeneas de negro humo ardían notablemente en el barrio que cruzaban, y a Jerjes aquello le sorprendía sobremanera.

Jerjes: Bojarcas, ¿por qué están encendidos tantos fuegos? No hace frío, es de día, y aún falta mucho para la hora de la comida.

Bojarcas sonrió, y señalando uno de los edificios más cercanos que emitían humo, indicó un carro lleno de mineral que había en su puerta.

Bojarcas: Bronce. Eso significa Calcis. Es la ciudad de bronce, y aquí es donde se elaboran los lingotes que llevarán los barcos allí donde necesiten elaborar utensilios y armas. Cada chimenea que ves pertenece a un horno de una fundición, y en esta ciudad hay hasta siete que queman casi de contínuo.

A Jerjes aquello le sonó a exageración. Siete fundiciones en una ciudad de aquel tamaño sólo podía indicar una grandísima riqueza mineral.

Jerjes: Las minas deben ser enormes. ¿Están lejos?

Bojarcas: En las montañas del este. Y la madera la traen del norte de la isla, aunque también vienen algunos barcos cargados con carbón al puerto.

Entonces, pasaron frente a una tienda llena de utensilios de bronce de todo tipo: desde azadas, hasta cuchillos y herramientas. Jerjes pocas veces había visto tanto metal junto, salvo en su tiempo sirviendo en el ejército.

Bojarcas: Y los artesanos del metal de la ciudad son de lo mejorcito. Si necesitas cualquier cosa en bronce, ellos pueden hacértelo en pocos días.

Enligytes - El barco de Mileto

Enligytes: ¿Seguro que es de Mileto? - insistió el Azor a Creso.

Creso: La bandera que lleva ostenta el símbolo de la familia Telidea, una de las más poderosas de Mileto. Istos la ha visto hace una hora, y en cuanto se ha dado cuenta ha venido a darme el aviso.

Los instintos de preservación del Azor estaban completamente alerta.

"No pueden habernos seguido, ni saber que estábamos aquí. Hemos intentado ser lo más discretos posible."

Enligytes: ¿Comerciantes, quizás? - indagó Enligytes.

Creso: Eso es lo primero que ha pensado Istos - resolvió Creso -. Los Telideos tenían fama por sus campos de olivos antes de la guerra.

Enligytes se encontraba ante una dicotomía: ¿capricho del azar, o un potencial enemigo? ¿Quizás ambas cosas? Era difícil decirlo. En cualquier caso, poco podía hacer ya. Si quería avisar de aquello a Bojarcas y a Jerjes, su mejor baza era regresar a la posada lo antes posible, y esperar allí.

:arrow: Dejo en tus manos la decisión de si Creso debe informar o no a la reina. En principio, cuento que el aviso lo ha dado porque los lidios y los miletenses están en guerra, y con vosotros en la Hélade, eso podría atraer problemas.

:arrow: Creso, si no he entendido mal, no sabe nada de vuestro plan, y por ello tampoco sabe nada de que lleva la reina Enaria a bordo. Él cree que es la esposa de Enligytes. Enaria probablemente aún no se haya enterado de nada.

:arrow: Tu turno en esencia puede ir enfocado a tratar de averiguar cosas sobre ese barco, sobre los bajos fondos de Calcis, su situación... Hasta que vuelvan Jerjes y Bojarcas, puede pasar un buen rato. Pásame las preguntas que tengas por privado, hago las tiradas que toquen y te las respondo para que puedas ir elaborando el turno.


Bojarcas - La casa de Critias

Sin duda, a Critias no le iban mal las cosas. No hacía ni dos meses que había visto por última vez al aristócrata cálcide, y en aquel entonces apenas había iniciado la construcción de una pequeña torre adjunta al complejo principal de su casa. La torre ya estaba prácticamente terminada, a falta de algunos trabajos finales en el techo.

El comerciante trató de recordar el nombre del hombre que custodiaba las puertas de la gran villa. Instalada en la periferia de la ciudad, no muy lejos del complejo de templos pero a pie de la colina por el lado de levante, la zona era indudablemente mucho más rica que la que habían atravesado desde la posada. Allí no había ni de lejos tanto hollin en las paredes, y el aire estaba mucho más limpio gracias al viento fresco que soplaba desde el norte de la isla. Por encima del muro podía verse una higuera cargada en una esquina, y las partes altas de la villa pintada de blanco.

Bojarcas: Buenos días, Hafesto - dijo al custodio de la puerta recordando al fin su nombre -. He venido a ver a tu señor Critias.

Hafesto necesitó un par de miradas a Bojarcas antes de ser capaz de recordar quién era. Aquel pequeño gesto de desconocimiento provocó una pequeña punzada en el orgullo del joven Bojarcas, que esperaba ser recordado y reconocido de inmediato.

Hafesto: Ah, tú eres el hijo de Herarcas el lidio, ¿no?

"Bueno, no recuerda mi nombre, pero al menos sí mi ascendente" - se resignó interiormente Bojarcas.

Bojarcas: En efecto. Soy Bojarcas de Sardes, y venía a rendir una visita al buen Critias, agradecido por su ayuda pasada.

Hafesto asintió, y tras hacer abrir las puertas de la villa a los dos guardias que le flanqueaban, condujo a los dos recién llegados hasta una sala de recepción para invitados, invitándoles a esperar allí. Critias no tardó mucho en aparecer.

El cálcide era un hombre de mediana edad, más cerca de la cuarentena que de la treintena, de cuidada barba rizada y casi rubia aunque con mechas amarronadas. Aunque probablemente de joven había sido robusto, había criado una panza importante, y también una calvicie prominente. Sin vacilación, con una amplia sonrisa y una bramante carcajada, se acercó a Bojarcas y se fundió en un abrazo con él.

Critias: ¡Bojarcas, muchacho! ¡Qué pronto vuelves a estar por aquí!

Entre los brazos de Critias, Bojarcas se sintió como si un toro bramador le aplastase con cierto cariño. Desde luego, el apelativo "toro" encajaba a la perfección con aquel hombre de túnica blanca. Únicamente algunos ribetes de color rojo decoraban algunas costuras de su indumentaria, pero por el resto era de un blanco inmaculado.

Critias: ¿Es tu guardaespaldas? ¿Qué ha sido de Creso? - preguntó el recién llegado señalando a Jerjes.

Bojarcas: Los negocios de la última vez fueron bien - respondió Bojarcas encogiéndose de hombros -, y ahora puedo permitirme escolta. Creso está en el puerto, con mercancía nueva.

Critias: Fantástico. ¡Negocios! - bramó Critias satisfecho -. La sangre de la vida, sí señor. ¡Por Dionisos, que sin los negocios, todo sería mucho más aburrido! Ven, ¿has desayunado?

Bojarcas negó con la cabeza, y Critias le dio una palmada en el hombro asintiendo.

Critias: Yo tampoco. Cuentas matutinas de impuestos. Trabajo, trabajo, y más trabajo... Pero basta de trabajo, chico. Vamos a desayunar.

Critias se dirigió entonces a su propio sirviente, Hafesto.

Critias: Hafesto, ¿por qué no llevas a la cocina al guardaespaldas de nuestro amigo? Creo que Tarla estaba preparando queso fresco esta mañana. Bojarcas y yo tenemos cosas que tratar.

Negocios. Así funcionaban: de tú a tú. Y no había lugar para sirvientes en ellos. Bojarcas miró a Jerjes y asintió: no había peligro. Estaban entre amigos.

:arrow: Bien, al igual que Enligytes, turno para obtener información. Al igual que a Amthorn, os comento lo mismo: pasadme las indagaciones que querráis hacer, diálogos, preguntas... Para conformar el turno. Y yo las iré respondiendo. Si preferís preguntar por msn para agilizar la interacción, yo salvando la semana que viene - que estaré fuera entre semana - suelo conectarme a menudo.

:arrow: He separado los tres personajes para tratar de agilizar un poco la colecta de información. Creo que a cada uno le quedan niveles diferentes de personajes, de diferentes tipos: a Enligytes, gente del puerto y del mar; a Jerjes, cálcidos tanto militares (Hafesto) como civiles (la gente que trabaja para Critias en las cocinas). Y la aristocracia y política, para Bojarcas.


Reto (Enligytes)(+25% experiencia): buscar información sobre el barco y la ciudad a través de tres fuentes diferentes, al menos.

Reto (Bojarcas)(+25% experiencia): escenificar el desayuno en casa de un aristócrata griego que trata de agasajar a su colega/cliente. Critias tiene dinero, y sacará sus mejores viandas para agasajarte.

Reto (Jerjes)(+25% experiencia): Crear el servicio de la casa de Critias, al menos el que trabaja en la cocina, dotándolos de un mínimo de personalidad diferenciada.


:arrow: Experiencia actual: Bojarcas (13,50 px), Enligytes (8,75 px), Jerjes (16,50 px)

:arrow: Gastos de experiencia realizados:

- Enligytes - Juego Nv1 -> Nv2 (-4 px), Persuasión Nv0 -> Nv1 (-2 px)

- Bojarcas - No me ha quedado claro al final qué querías subir, Klapton. Puedes subir Persuasión (Nv3->Nv4, 8px), o comprar una especialidad de Persuasión (8px); Subir Oficio (Comerciar) cuesta 10 px (Nv4->Nv5).

- Jerjes - No hay gastos programados por el momento
« Última modificación: Febrero 07, 2007, 02:05:07 por Rittmann » En línea

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Re: Miss Bennet (Jerjes)
« Respuesta #25 en: Febrero 28, 2007, 09:35:44 »

La ciudad estaba repleta de puestos. Todos artesanos, el bronce brillaba por todas partes, puestos de pescado cercanos al puerto, y todo tipo de frutos de la zona… sin duda era una ciudad muy viva. Las chimeneas ahumaban dejando un olor extraño en el ambiente. Jerges miraba atentamente los puestos de armas,… eran lo más singular… y, aunque un buen arma determinaba en la lucha un final resuelto, este no era el caso que le preocupaba a Jerges.

Pasando dos puestos más,… había una tienducha sujeta por dos postes de madera, sin pulir,… todavía ostentaban las ramas del árbol del que recientemente habían sido recogidos.Una vieja quemaba hierbas,… más una era conocida por Jerges.

Jerges: Un momento Borcajas!... esperame aquí.

Dejó Jerges un momento a Borcajas delante de un puesto de hachas…
Jerges fue hacia el puesto de la anciana… miró las hierbas, entre ellas podía ver algo de pasiflora,… pero Jerges buscaba otra cosa... buscaba Opio.
Lo llevaban en el ejercito, y posteriormente estuvo muchos años toman dolo después de ocurrir el accidente de la pierna.
No lo había vuelto a oler desde que entro a trabajar para Herarcas,… pero de eso ya hacia tiempo,.. y desde luego la pierna no sufría mucho con los trabajos en los establos.
Además los dolores se apagaban bien con el alcohol.
Con las hierbas, su pierna llevaría mejor el fragor del viaje. Y al menos apaciguaría su rodilla en los momentos en los que la necesitara entera.

Compró Jerges a la vieja una bolsa de cada,… aunque tuvo que regatear un poco con el Opio.
Esta hierba era muy conocida entre los asirios. Mas de una vez recordaba Jerges a su madre hablar de ella, la tomaba para los dolores de cabeza.

Al momento volvió junto a Borcajas,.. Quien ya se impacientaba.

Pronto llegaron a la Villa,… unos muros bien cuidados y en exceso altos guardaban la casa y unos cuantos terrenos en la parte de atrás. La villa parecía tener dos terrazas como acostumbraban a tener estas. Una donde se posaba la casa del señor y la segunda la mas baja donde se desarrollaba la vida de los criados. Sin duda las vistas de la ciudad eran buenas desde donde se levantaba la villa. La pierna se resentía demasiado al subir la colina,... así que opto por masticar un poco de las hierbas que habia comprado. No había tiempo para quemarla.

Bojarcas: Buenos días, Hafesto - dijo al custodio de la puerta recordando al fin su nombre -. He venido a ver a tu señor Critias.

Hafesto parecía el guarda de la villa. Un hombre alto y delgado con barba negra cobriza y unos ojos profundos y negros. Una toga larga tapaba su figura por doquier hasta los tobillos, no parecía ostentar arma alguna,… pero dado que la villa tenía su propia guardia y custodia,… ese tal Hafesto no parecía necesitar las armas. En el bajo cuello de la espalda,… podía verse un dibujo grabado,… que al parecer llegaba hasta el codo,… pero la toga poco dejaba entrever. Quizás Hafesto habría tenido otra vida más interesante que la de guarda de la villa.

Jerges miro alrededor,… dos guardias a la entrada, sin duda seguro que otros dos mas habría de temer en la parte de atrás,… más el personal de seguridad personal del señor. Eso como mínimo.

Hafestos asintió, y tras hacer abrir las puertas de la villa a los dos guardias que le flanqueaban, condujo a los dos recién llegados hasta una sala de recepción para invitados, invitándoles a esperar allí. Critias no tardó mucho en aparecer.

Critias: Hafesto, ¿por qué no llevas a la cocina al guardaespaldas de nuestro amigo? Creo que Tarla estaba preparando queso fresco esta mañana. Bojarcas y yo tenemos cosas que tratar.

Negocios. Así funcionaban: de tú a tú. Y no había lugar para sirvientes en ellos. Bojarcas miró a Jerjes y asintió: no había peligro. Estaban entre amigos.

Siguiendo el protocolo,… Jerges fue hacia las cocinas acompañado por Hafesto.
Entraron por la parte Este de la villa,…un patio de piedra guardado por columnas blancas y rojas de base ancha lo rodeaban,.. tres puertas de madera guardaban los almacenes, y una lo que parecían las cocinas. Dos mozos llevaban sacos de harina hacia dentro, las aguadoras salían con sus cantaros vacíos hacia el pozo del patio. Eran mujeres de pechos turgentes y collares de tela hilada azules y rojas. Sus faldas con volantes hondeaban las prisas que llevaban con los cantaros y el pelo era sumamente rizado y negro. Sin duda la cantidad de sirvientes triplicaba con mucho a la que ostentaba Herarcas en Sardes. Aquí uno se perdía entre tanta gente.
A la puerta de las cocinas y con los brazos en jarras,… regañaba el ama de cocina a los dos mozos, por dejar que la harina de derramarse por el patio.
Tarla:- Sois unos buenos para nada.. No veis que estáis dejando caer toda la harina?

Según pasaban los jóvenes Tarla des daba un capón en la nuca, hasta el momento en el que se percato de la presencia de Jerges.
Tarla se limpio en el delantal de la falda,…

Tarla: Que me traes Hafesto?... no será un mozo para los almacenes… que hace tiempo estoy pidiendo... uno que haya llevado mas tiempo barba que pañales… esos muchachuelos que me traes son muy endebles…

Tarla echo un ojo a Jerges de arriba abajo… examinándolo…

Hafesto: Jejejejejejejeje… no Tarla,… me temo que hoy no… Este es el nuevo guardaespaldas del hijo de Herarcas el Lidio… recuerdas que no hace mucho estuvo aquí?..

Tarla: El hijo de Herarcas?... si.. ya podía tener yo un mozo como ese joven,.. Menudas espaldas tiene… jeje. Si hombre si…. pasa… tenemos algo por aquí?...
Has desayunado?

Pregunto Tarla a Jerges…

Jerges: No Señora,.. no.

Tarla era el ama de cocinas,… una mujer fuerte y redonda,..Con los mofletes rojos y el pelo atado con dos trenzas largas que se enroscaban a los lados de la cabeza, como sin fueran moños. Su vestido estaba sucio de estar en las cocinas. Las trébedes de está era enormes unos 5 metros de tarima,.. Dos hornos,.. y varios fuegos encendidos… Si Aneth viera esto… pensó Jerges.
Dos mujeres casi niñas amasaban el pan,… otro mozo echaba leña al horno,…y una mujer vieja organizaba la fruta en las baldas del mueble.

Jerges: Mucha mujer para una sola cocina… no?


Hafesto: Sabes muy bien lo que dices extranjero… esto es una batalla campal cuando hay festines … no puedes asomarte sin ser el pretexto donde descarga la ira de Tarla…jejeje.

Tarla se dio media vuelta,.. y con un cucharón chorreando de requesón…amenazó Hafestos…

Tarla: !Que insinúas Viejo verde! no venís aquí más que a comer,,.. y tragar. Aquí la única que trabaja soy yo. Y encima siempre ando mal de mozos.
Ya podían ser todos la mitad de fuertes que tu amigo Hafesto… así se acabarían las tareas del almacén en una sola mañana.

Tarla le puso un plato de queso fresco, con puré de frutas por encima y un vaso de vino dulce.
Tarla de asomó al dintel de la puerta,…

-Tú QUIERES DARTE PRISA!!! VAGO… QUE ERES UN VAGO.

Hafesto: Ves lo que te digo… es mejor no ponerse a tiro de Tarla…

Los dos hombres se sentaron en le banco detrás de la ventana del patio,… y ambos desayunaron.

En ese momento Hafesto se arremangó la toga y quedo al descubierto parte de su tatuaje.
Jerges lo miró.

Jerges: Bonito adorno…

Hafesto: eres Observador…

Muchos guerreros de Infanteria,… llevaban tatuajes semejantes, eran fáciles de identificar en la lucha,.. Jerges había matado a muchos con tatuajes semejantes.

Hafesto: Estuve en la guerra,… hasta que descubrí los placeres de la vida, en la cocina de Tarla.¿ Tu eres hombre de guerra también…¿ no?

Jerges: Bueno...¿ y en estos días quien no es hombre de guerra?.

Jerges desvió la mirada hacia las aguadoras,…

Jerges: Tarla… no tendrás una jarra de agua no? Tengo que tragar el queso…

Dijo esbozando una sonrisa.
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Re: Amthorn (Enligytes)
« Respuesta #26 en: Febrero 28, 2007, 09:38:33 »

Enligytes observó unos instantes como Bojarcas y Jerges salían presurosos de la taberna y se quedó mirando como extasiado la luz que entraba por la puerta mostrando el polvo que había en el aire. El rumor creciente a su alrededor le hizo regresar a la taberna, y se dirigió al posadero:

Enligytes: Necesito dos habitaciones.
Posadero: ¿Para cuántos? – le dijo el hombre que ostentaba una amplia barba cana y que parecía hombre de pocas palabras, acostumbrado a ver gente de todas clases y de todos los lugares.
Enligytes: Cuatro… sí, eso es… para cuatro.
Posadero: Está bien. Luego las tendréis disponibles.

Mientras hablaba con el posadero, casi sin querer Enligytes escuchó la conversación que mantenían unos marineros que con sendas jarras de cerveza que se encontraban a su lado, apoyados sobre la gran barra que dominaba el salón. Parecían dos hombres de mediana edad, marineros que habían bebido algo más de la cuenta y hablaban en voz alta, sin temer las consecuencias de lo que iban a decir y sin percatarse de quién había a su alrededor. Uno de ellos, tenía cabellera rizada y oscura como el azabache que le caía sobre los hombros. Su túnica tenía unos adornos azules y estaba atada con un cordón de esparto. Su compañero era más alto y robusto, vestía una túnica más modesta y sucia, pero orgulloso mantenía colgado a su cinto la piel de un conejo. Por el acento, Enligytes habría dicho que eran de Atenas pero él no se consideraba un experto para poder reconocer la procedencia de la gente que para él parecía tan lejana.

Marinero alto: No creo que acabe en nada bueno, Primeo.
Primeo: Mira, Anfestos, como dicen en Atenas, lo importante es que permanezcan griegos. Mileto no es un buen aliado pero al menos es griega.
Anfestos: A mi me da igual si son aliados o no. Lo que no quiero es que se les ocurra tratar de enrolarme para ir a luchar a una guerra que nada me incumbe.
Primeo: Tú prefieres una buena moza sea de dónde sea, y sobretodo que sea más guapa y joven que la tuya - Tras lo que irrumpieron en risotadas.
Anfestos: No se si vendrá alguna en ese barco que acaba de llegar de Mileto. Espero que la ofrezcan a cambio de comida…

Enligytes no quiso seguir escuchando, salió casi corriendo de la taberna. Un barco de Mileto, allí mismo no era un buen augurio. ¿Era un capricho del azar, o un potencial enemigo? ¿Quizás ambas cosas? Se encaminó tan rápido como pudo al lugar donde estaba amarrado el Pléyades y encontró a Creso que estaba a punto de descender por la rampa de madera para ir a buscarlo.

Creso: Iba a ir a buscaros. Istos acaba de informarme de algo importante.
Enligytes: Creo que ya se lo que es, por eso vengo rápido, pero dime.
Creso: Un barco de Mileto acaba de llegar al puerto
Enligytes: ¿Seguro que es de Mileto? - insistió el azor a Creso.
Creso: La bandera que lleva ostenta el símbolo de la familia Telidea, una de las más poderosas de Mileto. Istos la ha visto hace una hora, y en cuanto se ha dado cuenta ha venido a darme el aviso.

Enligytes miró a tierra un momento. No podían haberlos seguido, ni saber que estaban allí. Habían intentado ser lo más discretos posible. De ser así ¿quién habría sido el que les había dado el aviso? No podía ser.

Enligytes: ¿Comerciantes, quizás? - indagó Enligytes.
Creso: Eso es lo primero que ha pensado Istos resolvió Creso . Los Telideos tenían fama por sus campos de olivos antes de la guerra.
Enligytes: Mejor así, pero sería prudente que fueran a indagar de forma más exhaustiva. Necesitamos saber porqué están aquí, quién dirije el barco…
Creso: Está bien, enviaré al propio Istos.

Enligytes, descendió por la escalinata de madera para ir a ver a la reina. En la puerta del camarote se encontraba erguido como no podía ser menos su guardaespaldas que le dirigió una fría mirada pero no hizo ningún ademán para detener al azor cuando este llamo a la puerta.

Enaria: ¿Por qué me molestas, Clauno? ¡Te he dicho que…!
Enligytes: Soy Enligytes y tengo que… hablar… - y bajando mucho el tono de voz para que nadie pudiera escucharlo, tanto que apenas lo oyó la reina – con vos.
Enaria: No quiero verte.
Enligytes: Lo siento, pero debo entrar – y el azor entró en la dependencia antes de que Clauno pudiera impedírselo y cerró la puerta tras de sí.
Enaria: ¡Te he dicho que no entraras!
Enligytes: No gritéis mi reina, o no podremos seguir ocultando quien sois.

Clauno ya había entrado en la estancia y agarraba por los hombros al nómada pero la reina le hizo un ademán para que le soltara.

Enaria: ¿Y bien? ¿qué deseas? – le preguntó mientras comenzaba a mesarse los cabellos como si de repente se diera cuenta que no lo había hecho antes y que la sal del mar no le ayudaba.
Enligytes: Ha anclado un barco de Mileto en el puerto. – La reina abrió los ojos como platos y dejó de mover las manos. – Y he creído oportuno informarle. Parece ser que pertenece a los Telideos, pero Istos, el marino, ha ido a indagar algo más.
Enaria: Está bien. Espero que sepáis mantener la compostura y no estropeéis la empresa antes de comenzarla.
Enligytes: Hemos tomado dos habitaciones para esta noche en una taberna cercana. Allí podremos recabar más información tanto del barco como del lugar al que dirigirnos después.
Enaria: ¿Y?
Enligytes: Supongo que también vendréis, y deseaba pediros que me ayudarais a cambiar de atuendo para pasar desapercibido. No desearía que esos miletenses…
Enaria: ¡Con quién te has creído que estás tratando! ¡Toma uno de esos harapos que llevan esas sabandijas del barco y no me molestes más! ¡No soy ni tu esclava ni tu sujeta mujer para que me trates así! ¡Por los dioses de todo el panteón! ¡Sal inmediatamente de aquí!

Enligytes salió casi de espaldas de la habitación, casi sin comprender lo que había ocurrido, porque al fin y al cabo le había ayudado. Se pondría la indumentaria que llevaban los remeros del barco para pasar desapercibido y no ser reconocido como un nómada lidio.

Un buen rato más tarde, Istos regresó. Enligytes y Creso lo estaban esperando y aún sin que hubiera acabado de subir al barco, el nómada comenzó a asediarlo con preguntas:

Enligytes: ¿Has descubierto algo? ¿Sabes por qué están aquí? ¿Quién los guía? ¿Saben de nuestra presencia aquí?
Creso: Tranquilo amigo – le dijo el capitán con una amplia sonrisa – creo que ni aunque te persiguiera Cerbero mismo tendrías tanta prisa. ¿Qué puedes explicarnos?
Istos: He ido a la taberna buscando a remeros del barco y he encontrado a algunos. Todos originarios del mismo Mileto, algo extraño en estos barcos, y lo más curioso es que algunos eran agricultores que ya no pueden acceder a sus terrenos y ahora dedican su vida a remar, mientras esperan que los espartanos les ayuden a liberarse del asedio.
Enligytes: ¿Pero porqué están aquí? ¿Vienen a comerciar?
Istos: Por lo que me ha dicho Erquidias, uno de los hombres, es el barco de un aristócrata de la ciudad… no recuerdo su nombre… que ha estado en Tebas visitando a unos parientes y estarán aquí un par de días para reaprovisionarse.
Creso: ¿Han salido de Tebas y ya tienen que reaprovisionarse?
Istos: También quieren cerrar un cargamento de metal.
Enligytes: ¿Sabes on quién iban a negociar?
Istos: No, ni lo han dicho ni les he preguntado porque supongo que no lo sabrían… aunque de hecho ni se me ha ocurrido.
Creso: Muchas gracias, Istos.
Enligytes: Sí, muchas gracias. Capitán, me dirigiré de nuevo a la taberna que Bojarcas espera encontrarme allí y se impacientará si no me ve. Además de que será necesario avisarles cuanto antes de la presencia de los miletenses.

Enligytes se fue del barco, pero no fue directo a la taberna. Pasó previamente junto a la embarcación, esperando ver algo interesante, pero allí no vio nada. Todo estaba en calma y apenas había movimiento ni en el mismo barco ni a sus alrededores. Después se dirigió a la taberna.

Estaba completamente llena. Las camareras iban de acá para allá cargadas con jarras de cerveza mientras trataban de esquivar las rápidas manos de los marineros que entre risotadas apostaban cuál de ellos lograría recibir las atenciones de alguna de ellas. Enligytes no se sentía a gusto entre aquella gente, pero debía tratar de pasar desapercibido, sobretodo siendo consciente que seguro que más de uno de aquellos parroquianos de la taberna serían de Mileto. Se acercó a unos hombres que estaban en la barra y pidió una cerveza. Aquellos hombres no cejaban en su empeño de abrazar a una de las camareras, hasta que una de ellas se revolvió y le propinó un buen manotazo, provocando las risas borrachas de sus compañeros.

Marinero 1: ¡Te haces mayor!
Marinero 2: Ya no te respetan.
Marinero 3: No necesito que estas fulanas me respeten.
Enligytes: No saben comportarse ni entienden quien manda.
Marinero 3: Tienes toda la razón amigo.
Marinero 1: Pero te las llevarías encantado al catre.
Enligytes: A estas no. Las de la costa jónica si que merecen la pena.
Marinero 2: Ahora ni esas. Están demasiado preocupadas con la guerra de Mileto para atender a un marinero como es debido.
Marinero 3: Deberíamos intervenir nosotros, los tebanos, cómo dicen allí y liberarlas del asedio, así las tendríamos a cientos.

Enligytes acompañó las risas de aquellos hombres y se apartó de ellos. Decidió esperar fuera a Bojarcas y a Jerges pensando que no tardarían en llegar. Ya sabía que con Atenas se mantenía imparcial. Con Tebas no se podía contar porque apoyaría a Mileto y eso le llevó a recordar que el aristócrata miletense del barco regresaba de Tebas lo que le llevó a preocuparse de que hubiera ido realmente a buscar su apoyo.
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Re: Klapton (Bojarcas)
« Respuesta #27 en: Febrero 28, 2007, 09:39:31 »

Bojarcas siguió a Critias a través de su casa. Primero atravesaron un amplio atrio y después una sala grande, decorada suntuosamente con frescos de temática mitológica. Pasaron finalmente a una salita más pequeña y acogedora, con decoración más sobria. La villa de Critias no tenía nada que ver con la de Nefer el Egipcio; donde éste suplía la falta de gusto con dinero, en la casa de Critias estética y lujo se combinaban armoniosamente.

Critias se acomodó en un reclinatorio e invitó a Bojarcas a hacer lo mismo. Al momento apareció un silencioso sirviente, que dejó en una mesa central un gran surtido de viandas: huevas de esturión, dátiles, frutos secos variados, pan de trigo para acompañar con miel o aceite de oliva, uvas de Ática, todo ello acompañado con vino de Italia, que el criado sirvió de una crátera decorada con motivos eróticos.

Después de picotear de cada uno de los platos, Bojarcas decidió ir directamente al grano.

Bojarcas: Amigo Critias, eres casi un padre para mí, y por eso quiero ser franco contigo. La guerra con Mileto está acabando con nuestro negocio. Los bandidos campan a sus anchas y tenemos que pagar mercenarios para proteger las caravanas, el comercio se resiente y la guerra amenaza con extenderse. Necesitamos que termine cuanto antes. Mi familia cree que desde aquí, en la Hélade, podéis tener influencia sobre Mileto y terminar el conflicto de forma honorable para las dos partes. Esta es la razón principal de mi visita.

Critias: Hijo, te agradezco tu sinceridad. Me imagino que es tu padre quien te envía, y también puedo imaginarme quién ha influido en tu padre para que se embarque en esta misión.

Bojarcas asintió. No valía la pena negar la evidencia, pero de momento se abstuvo de mencionar la presencia de la reina Enaria, no porque no confiara en Critias, sino porque no quería comprometerle más de lo necesario.

Critias: Coincido con tu visión del conflicto y me agradaría ayudarte. Podría persuadir a muchos clérucos para que apoyaran una embajada ante Mileto, pero dudo que allí la escucharan.

Bojarcas: Te confieso que eso lo había pensado, pero es muy peligroso para mi misión, y para mí, preguntar en la casa equivocada, pues en Lidia hay quienes no quieren que la guerra termine amistosamente.

Critias: Conozco a un hombre de noble linaje en Megara: Byzas. Te etnregaré una carta para él. Te introducirá en el círculo aristocrático de la ciudad, pero no puedo garantizarte que allí te apoyen.

Bojarcas: Con eso me bastará.

Critias: Pero ahora hablemos de negocios. Tengo cincuenta tinajas del mejor aceite de Calcis, que ya me están molestando aquí. ¿Qué me dices?
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« Respuesta #28 en: Febrero 28, 2007, 09:40:20 »

Jerjes - Una charla con queso

Hafesto no tuvo miramentos con el queso. Tal y como llegó a la mesa, se cortó un tremendo pedazo que saboreó con el pan recién horneado de la mañana.

Tarla: No hay agua ahora. La he gastado antes pastando la harina... ¡Cario! - gritó Tarla.

Uno de los muchachos que habían estado en el patio entró con aire plomizo en la cocina, mirando con desgana a la cocinera.

Tarla: Cario, ve al pozo a sacar agua, que nos hemos quedado sin.

El chico resopló mientras salía, pero no se quejó.

Tarla: Sacaré un poco de vino de la ánfora, mientras el chico trae el agua - dijo la cocinera tomando una jarra y dirigiéndose a la puerta de la bodega.

Jerjes miró intrigado a las dos muchachas que pastaban pan. ¿Cuántas bocas habría que alimentar en aquella casa, si era aquella la segunda hornada del día?

Hafesto: Y dime, ¿cómo están las cosas por Lidia?

Jerjes miró a su interlocutor, ávido de noticias. Bueno, él también estaba ávido de ellas. A fin de cuentas, cualquier cosa que pudiese averiguar, serviría a su señor en aquel complicado viaje.

Jerjes: Como siempre - dijo tratando de no dar importancia al asunto -. ¿Y por aquí?

Hafesto: Como siempre, también.

Jerjes: ¿Como siempre? Bueno, mi señor me contó que tuvo problemas para salir de la ciudad la última vez. Espero que ese tema esté solucionado.

Tarla llegó con la jarra de vino llena y sirvió sendos vasos a los dos hombres.

Hafesto: Qué va, nada más lejos. Aunque dudo que haya ningún bloqueo más en una temporada. Atenas no se tomó nada bien el retén de sus naves, ¿sabes?

Jerjes: ¿Qué pasó exactamente? - preguntó tras sorber un poco de vino, un poco dulce para su gusto.

Hafesto: Bueno... La cosa viene de lejos. Esta ciudad es oficialmente una colonia ateniense, ¿sabes? Antes era una polis importante, pero se debilitó con guerras contra nuestros vecinos. Eretria, ¿sabes? Al norte de aquí. Quedó tan debilitada tras una de esas guerras, que los atenienses llegaron al poco de terminarse, y tuvieron su paseo triunfal.

>> Luego, montaron una cleruquía: mandaban veteranos de guerra aquí con privilegios de ciudadano ateniense, dándoles las tierras de los cálcidos conquistados. Lo que pasa es que hace cuatro generaciones de eso, y el régimen de entonces sigue en vigor. Los clérucos quieren soberanía, y a Atenas no le interesa perder el estrecho de Euripo.

Jerjes empezaba a vislumbrar la raíz del conflicto. Viendo que a Hafesto se le había soltado la lengua, siguió comiendo y le permitió seguir hablando.

Hafesto: Ya ha habido roces en estos últimos años, pero lo de la última vez fue un intento de hacer presión sobre Atenas bloqueando sus barcos comerciales. Pretendían impresionar a los atenienses, demostrándoles que no les tienen miedo. La verdad, con esta actitud, el consejo de los clérucos sólo lograrán que Atenas nos dé un buen azote.

Jerjes: ¿Estás en contra de esto, pues? - preguntó el asirio -. ¿De la independencia de Calcis?

Hafesto: La familia de mi señor Critias era de Eretria. Aún tiene muchos parientes allí, aunque la rama de Calcis tiene desde su abuelo tanto o más poder que la familia original. Ganaron el favor ateniense ayudando en la invasión, dicen, y eso les ha dado bula para comerciar bajo bandera ateniense. Ateniense, no cálcida. La verdad, no nos llevamos muy bien con los clérucos, que tienen cierta envidia de la posición de favor que ostenta mi señor.

>> Pero no harán nada, créeme. Son una panda de cobardes. Deberías haber visto lo rápido que levantaron el bloqueo cuando aparecieron dos trirremes atenienses en el puerto. No atracaron, ni hicieron nada. Sólo se quedaron un día ahí, esperando a que zarparan los barcos de Atenas. ¡Te aseguro que ese día, el olor de las caquitas que se hicieron encima los del consejo de clérucos se olía más que el humo de las calderas de las fundiciones!


Bojarcas - De regreso al Pléyades

Bojarcas se encontró a Jerjes cerca de la puerta, hablando relajadamente con Hafesto. Fue el segundo quien advirtió la presencia del comerciante lidio, y tras despedirse de él, los dos extranjeros se marcharon de la casa de Critias.

Jerjes: ¿Cómo ha ido? - preguntó Jerjes.

Bojarcas: Bien. Tal y como pensaba, esta ciudad no tiene suficiente fuerza para llevar a cabo negociación alguna, pero Critias cree conocer a la persona adecuada para el tema.

Jerjes: Algo así me comentó Hafesto. Al parecer, los gobernantes de esta ciudad están completamente desprestigiados en la Hélade.

Bojarcas se limitó a asentir con la cabeza.

Jerjes: Y ahora, ¿a dónde nos toca ir?

Bojarcas: Cargaremos un cargamento de aceite de Critias, y junto a la carga vendrá una carta con sus bendiciones. Es el pago por su recomendación. En cuanto esté a bordo, partiremos hacia Megara. Son dos o tres días de viaje, si no hay mal tiempo.

Megara. La ruta hacia aquella polis pasaba directamente frente al cabo Sunion, donde su imponente templo de Poseidón era bien visible para todos los marineros. Luego, había que subir hacia el norte, pasando cerca del puerto del Pireo de Atenas, y a partir de ahí se podía pasar por el oeste rodeando la isla de Salamina. Era una zona de navegación fácil.

El calor del mediodía se había instalado en la ciudad, y el olor de las fundiciones caía pesado sobre sus calles. Había menos agitación que cuando partieron hacia casa de Critias, pero aún así las calles seguían bastante transitadas de gente yendo y viniendo por todas partes. Bojarcas sudaba bastante ese día. Le costaba un poco respirar, quizás por aquel aire extrañamente cargado de Calcis, o quizás por el calor. Fuese como fuese, estaba deseando llegar al barco y tumbarse un rato en la bodega para refrescarse.

Creso les recibió en la pasarela de entrada en el Pléyades. Parecía algo inquieto, e hizo una señal para que se le acercaran. Bojarcas se puso serio tan pronto vio aquel gesto, y con Jerjes a su lado se alejaron del muelle para tener un poco de intimidad.

Creso: Señor, mire aquel barco de allí - dijo Creso discretamente -. Es un barco miletense, procedente de Tebas, que carga con un aristócrata de la familia...

Bojarcas: Telidea - cortó Bojarcas reconociendo el símbolo sobre la bandera del barco -. ¿Qué están haciendo aquí?

Creso: Enligytes e Istos lo han estado averiguando. Parece ser que se trata de una parada comercial, para comprar metal. El nómada ha alquilado habitaciones en la posada del puerto y me ha pedido que se reúnan con él lo antes posible.

Bojarcas: En ese caso, será mejor no hacerle esperar.


Enligytes - Charla en la habitación

Bojarcas: Me ha costado reconocerte - dijo Bojarcas a Enligytes tras mirarlo dos veces bien.

Y es que el disfraz de remero realmente le hacía parecer un remero más de alguno de los barcos del puerto.

Enligytes: Este lugar tiene oidos - respondió el Azor yendo al grano -. Será mejor que subamos a la habitación para hablar con calma.

Ya en la habitación, con las gruesas paredes de piedra de por medio y el anonimato de un lugar transitado, estaban ya más seguros para poder hablar. Por pura precaución, Jerjes fue el último en entrar.

Jerjes: Creo que nadie nos ha seguido - dijo en voz baja el asirio cerrando tras de sí la puerta.

Bojarcas: ¿Has averiguado algo más? Creso nos ha puesto al corriente de lo del barco de Mileto.

Enligytes les comentó entonces su encuentro en la taberna de la planta baja de la posada, y cómo había concluido que Atenas sería neutral e imparcial en aquel asunto.

Enligytes: ¿Enaria se ha quedado en el barco? - preguntó al terminar su exposición.

Bojarcas: En efecto. Creo que quiere quedarse en el camarote hasta que sea la hora de negociar en serio. Mañana por la mañana, en cuanto hayamos cargado aceite de Critias, tendré sus bendiciones para ir hacia Megara y presentarme ante un aristócrata de la ciudad que puede sernos de ayuda.

Enligytes: ¿Y qué hacemos con el barco de Mileto?

Bojarcas: Si están aquí para comerciar, dudo que nos hagan caso. Nos vigilarán, como nosotros hacemos, de modo que debemos aparentar justo lo que aparentamos: que somos meros comerciantes.

El nómada miró al hijo de Herarcas. Él era un comerciante nato, entendía de negocios mucho mejor que él. Y comerciaba con la Hélade en un tiempo en que entre muchos lidios, la mera idea sonaba a locura. Sin duda conocía mejor que él aquellas lides, y probablemente no fuera la primera vez que se encontraba con una situación similar.

Jerjes interrumpió la conversación.

Jerjes: Algo pasa abajo, en la taberna. Oigo ajetreo.

Bojarcas y Enligytes se quedaron mirándose el uno al otro, y el nómada se acercó a la puerta con paso decidido.

Enligytes: Jerjes, quédate con Bojarcas. Voy a ver qué sucede abajo.

Enligytes bajó las escaleras hasta la planta baja, donde el bullicio de la taberna de la posada había mermado considerablemente. El grupo de remeros miletenses había desaparecido, pero también lo habían hecho varios grupos más. Enligytes habría jurado que apenas quedaban allí los remeros de otras ciudades, pero apenas vio a ninguno de los cálcidos que habían estado allí un rato antes.

Enligytes: Posadero - llamó el nómada disfrazado al hombre tras la barra -. ¿Qué sucede?

Posadero: No estoy seguro. Han venido algunos hombres y han hablado con varias mesas, y se han ido. Creo que han dicho no sé qué de un noble de Mileto.

Las alarmas se encendieron en la cabeza de Enligytes, a quien todo aquello le pareció muy extraño. Tras agradecer al posadero sus palabras, regresó a la habitación.

Bojarcas: Vayamos al barco - concluyó rápidamente Bojarcas -. Si algo sucede en el puerto, será mejor que podamos enterarnos y rápido.


Jerjes - Toque de queda

Había bastante gente alrededor de la pasarela del Pléyades. Guardias de Calcis parecían bloquear la salida, y uno de ellos estaba discutiendo con el capitán Creso sobre el muelle. El oficial cálcido parecía nervioso, mientras que Creso se mantenía casi imperturbable, aunque visiblemente tenso.

También había agitación alrededor del muelle del barco de Mileto, aunque allí apenas había guardias. Una multitud de espectadores miraban la escena con emociones que iban desde la preocupación hasta la curiosidad, y fundidos entre ellos, los tres hombres vieron con impotencia cómo dos guardias apresaban a Creso. Éste no se resistió, aunque conservó su porte de digindad sempiterna a la vez que una mirada furibunda hacia el oficial que acababa de ordenar que lo apartasen. Acto seguido, varios guardias empezaron a entrar en el barco, tomando el Pléyades.

Y entrando en el camarote de la reina.

Hafesto: ¿Jerjes?

Jerjes se giró tras sentir una palmada en su hombro. A su espalda, Hafesto estaba plantado con gesto de seria preocupación. A su lado estaba Critias, aunque se había vestido de modo mucho menos elegante a lo que había llevado esa mañana.

Critias: Venid conmigo.

Un grito de furia vino del barco, y todo el mundo se quedó embobado viendo cómo Clauno, obligado por su honor y deber, cargaba contra uno de los guardias que trataba de entrar en el camarote de la reina. "Idiota... - pensó Jerjes -. Si no le matan será un milagro. Y si expone a la reina..."

Critias les apresuró. Con toda aquella gente pendiente del espectáculo, no era deseable que nadie se fijara en ellos, y aún cuando su acto fuese estúpido y vano, Clauno les acababa de dar una perfecta oportunidad para desvanecerse del lugar. Jerjes miró a Bojarcas, y su señor se encogió de hombros conteniendo la rabia. No tenían opción. Caminaron deprisa, apenas un par de calles antes de detenerse.

Bojarcas: ¿Qué está pasando, Critias?

Critias: He venido tan deprisa como me he enterado, Bojarcas. Hemos de ir a mi casa, allí estarás a salvo.

Bojarcas: ¿Por qué están asaltando mi barco?

Critias: ¡Baja la voz! - le instó Critias; Jerjes comprobó rápidamente que estaban solos, falsa alarma -. Un grupo de disidentes del consejo cléruco de la ciudad se han enterado que un amigo de Solon de Atenas estaba aquí. Lo han secuestrado.

Bojarcas: ¿Secuestrado? - preguntó perplejo -. ¿Y qué tiene eso que ver con nosotros?

Critias: Me acabo de enterar, y no tengo los detalles. Sólo sé que en cuanto se ha enterado el resto del consejo, se han cagado de miedo. Al parecer es un aristócrata importante de Mileto, un tal Tales. Creo que quieren matarlo y echar la culpa a tu barco lidio para tapar el secuestro y evitar la ira de Atenas.

Jerjes: ¿Qué?

Hafesto: Los clérucos del consejo están buscando dónde se han llevado al miletense. Mientras tanto, han mandado apresar el Pléyades y cargaron con el muerto. Si encuentran a Tales antes que nosotros y lo matan...

"Si lo matan, se acabó" - concluyó Jerjes.

Jerjes: ¿Tenéis idea de dónde lo pueden tener?

Critias: No. En cuanto me he enterado de lo que iba a pasar, he tratado de advertiros... Pero se me han adelantado. Puedo usar mi influencia en el consejo para ayudaros a frenar esto, y prestaros a mis hombres para la búsqueda, pero no sé por dónde empezar. Y la arena del reloj cae en nuestra contra...


:arrow: Pasamos a la acción. Turno complicado. Me he tomado alguna licencia en la fase de la posada para poder llegar a este punto.

:arrow: Contáis con una docena de hombres de Critias, conocedores de la ciudad y sus barrios, y Critias puede daros acceso a información ahora, pero en cuanto acabe esta escena con él, tratará de intervenir desde arriba. Por lo tanto, si tenéis algo que decirle, deberá ser ahora. Luego será difícil de localizar.

:arrow: Podemos usar el tema general para hacer preguntas "en vivo" a Critias y a Hafesto. Yo las iré contestando allí para que cada uno pueda ir construyendo el  turno.

Reto (global)(+25% experiencia): Emplear la información de Calcis de este y este post para definir la táctica teniendo en cuenta cómo es la ciudad.

Reto (global)(+25% experiencia): Esta situación no dejará indiferentes a vuestros personajes. Se trata de una situación complicada y probablemente provoque sentimientos, frustraciones, reacciones... Rolear de manera apropiada a los personajes que por ahora habéis ido desarrollando sus reaccionesa lo que está pasando.

:arrow: Experiencia actual: Bojarcas (7,00 px), Enligytes (12,50 px), Jerjes (20,00 px)

:arrow: Gastos de experiencia realizados:

- Enligytes - No hay gastos programados por el momento

- Bojarcas - Persuasión Nv3 -> Nv4 (-8 px) (Obtiene capacidad especial: Pico de oro)

- Jerjes - No hay gastos programados por el momento
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